miércoles, 16 de mayo de 2018

Tambores de guerra

Esta es la expresión con que, de manera inocente, solemos referirnos a las situaciones prebélicas. Digo de manera inocente, porque de alguna manera la expresión perece señalar, más a situaciones de película de Hollywood que a situaciones reales. Y es que, en casi ningún caso, el día que comienza una guerra alguien sabe que la guerra está comenzando: Si a cualquier polaco le hubieran dicho el treinta y uno de Agosto de 1939, que al día siguiente se iba a despertar con la Wehrmacht desfilando por delante de su casa; y que después se iba a organizar otra guerra de escala planetaria, como la que habían sufrido apenas veinticinco años antes, es posible que hasta se hubiera reído. Por increíble que parezca, en España el Gobierno de la Segunda República no declaró el estado de guerra casi hasta el final de la misma.

Entre 1991 y 2001sucedió lo que a todo el mundo le parecía absolutamente impensable, cual era que tuviese lugar una guerra dentro de Europa. Una guerra o varias guerras, que sería lo más correcto para definir lo que ocurrió en Yugoslavia. Sin embargo, todavía  a estas alturas de la Historia, de esta Historia que ya no se estudia en los colegios, podemos decir que más del noventa por ciento de los europeos realmente ignora lo que allí ocurrió. Y por eso, puede que se repita. Tras la muerte del Mariscal Tito, las tres comunidades que hasta entonces habían convivido en Yugoslavia sin problema alguno, serbios ortodoxos, croatas católicos y musulmanes; más kosovares de origen albanés y macedonios de origen griego, pero principalmente los primeros, emprendieron una escalada nacionalista sin precedentes desde la Primera Guerra Mundial. Nadie, insisto nadie, se hubiera creído que las cosas iban a llegar hasta donde llegaron. Es más, los europeos occidentales, tan comprensivos y tan bien pensantes, “entendían” que hubiese fricciones entre distintas comunidades. Unas fricciones que nadie entendería entre bávaros y renanos, entre alsacianos y loreneses, entre galeses e ingleses o entre normandos y bretones. Pero claro, nuestra superioridad moral sobre los países recién salidos del socialismo… Todo el mundo vio con cierta incredulidad y cierta curiosidad los discursos de Slobodan Milošević llamando a la expulsión de croatas y musulmanes de Serbia. Luego, las arengas de Radovan Karadžić en Bosnia Herzegovina, pidiendo ayuda a sus hermanos serbios para matarlos. Después vinieron el cerco a la ciudad desarmada de Sarajevo, donde los francotiradores serbios cazaban literalmente a la población civil: serbios, croatas y musulmanes que querían convivir en paz, como habían hecho siempre; y a Srebrenica donde se habían refugiado los perseguidos, para matarlos de hambre. Cuando ya la comunidad internacional -no la europea- decidió intervenir mandando cascos azules a Srebrenica, les ofrecieron el edificante espectáculo de sacar a las mujeres y a los niños y fusilar en masa al resto de la población hambrienta, desarmada y desesperada. Ante la mirada impasible de los cascos azules, por cierto.

No existe el nacionalismo moderado. En primer lugar porque el nacionalismo no es ninguna ideología sino un sentimiento: no existe un solo teórico político ni filosófico del nacionalismo, entre otras cosas porque este, como digo, no es más que la exacerbación de un sentimiento. Un sentimiento que en cada caso puede ser manipulado a placer: la demanda de un territorio perdido; la de un imperio perdido; la ofensa ancestral por una invasión, la venganza por una antigua represión… En todo caso, el nacionalismo siempre busca un elemento de cohesión como puede ser una historia común, una tradición común, una religión común, un territorio común, un lenguaje común o varias de esas cosas a la vez.

Y lo que es más importante, el nacionalismo siempre es expansivo y violento. Puede hacerse pasar, estratégicamente y durante un tiempo, por una fuerza pacífica, democrática y no violenta. Dentro de casa, segregará a la población entre “los nuestros” y “los de fuera”, a los que hay que someter, marginar, culpar de todos los males y, si se resisten, perseguirles. En esas circunstancias, irá recabando tanto poder como le sea posible, exigiendo siempre un poco más. Pero llegará un momento en el que sus exigencias se hagan insostenibles y por supuesto, la culpa la tendrán “los de fuera”. En ese momento, toda persecución, amenaza o acto violento se justificará como defensa propia. Propia, por supuesto de los que mandan, pero los que obedecen se someterán con gran docilidad con tal de no ser considerados “de fuera”. Es un mecanismo psicológico infalible. Lo que sucederá en adelante está más que estudiado y demostrado cien veces, no solo en Sarajevo y en Srebrenica… Que la comunidad internacional lo vea como una peculiaridad propia de cada territorio, suele anunciar que nadie, repito nadie, ni en Europa ni en el resto del mundo va amover un solo hombre, una sola arma ni un solo dólar por venir a echarte una mano. Y si no, pregunte en Sarajevo.


Por último, una precisión semántica: un patriota es aquél que está dispuesto a dejarse matar por su patria y por los derechos de todos; un nacionalista es aquél que está dispuesto a matar por sus privilegios. Podemos seguir mirando hacia otro lado y no hacer nada, pero es cuestión de tiempo. 

jueves, 5 de abril de 2018

JAQUE A LA REINA

No me gustaría iniciar con este artículo un  debate entre república y monarquía. Creo que eso toca en otro capítulo, y yo ya me he manifestado en artículos anteriores a favor de la segunda opción. Tan respetable como la primera, por cierto. Menos aún volver a debatir sobre el eterno argumento de que “yo le pago…” Naturalmente que le pagas. Le pagas como a cualquier jefe de estado, sea presidente, rey o dinastía republicana como los Castro, los Kim o tantos otros de Hispanoamérica. La diferencia es que aquí la soberanía la compartes tú con otros cuarenta millones de españoles; y en esos otros casos, ellos no la comparten con nadie. No existe un solo estado en el que su jefe pague a los demás por serlo. Le pagas para que te represente y eso es justo lo que debe hacer, que para eso cobra. Tampoco sobre si “yo no le he elegido”. Tú no lo has elegido porque está elegido en un conjunto de normas básicas, a las que se tienen que adaptar las demás normas que rijan en España, y que se llaman Constitución. Si cada cuatro años tuviéramos que ratificar los ciento sesenta y nueve artículos, nueve disposiciones transitorias y una final de la Constitución, tú no tendrías tiempo para hacer otras cosas. Y menos aún para pensar. Por eso la Constitución contempla un mecanismo para reformar cualquiera de sus normas, incluida la Monarquía. Solo es cuestión de leerla, entenderla y seguir el procedimiento acordado. No parece tan difícil.

Aunque uno no es experto jugador de ajedrez, sí aproveché los desvelos de mis maestros nacionales, de la ignominiosa época en que los maestros enseñaban en lugar de adoctrinar, para aprender algo de tan pedagógico juego. Y una de las jugadas más apasionantes del ajedrez, es cuando tiene lugar un cara a cara entre reinas. Cuando una reina se planta frente a la otra y cuando ambos jugadores, saben que quien gane ese desafío tiene prácticamente ganada la partida. Después de todo, la reina es la pieza más operativa y letal de todo el tablero. Es la última pieza antes de derribar al rey.

Por supuesto, nadie leerá un insulto a la Reina, escrito por mí en ninguna parte. Pero eso no quiere decir que apruebe rebañegamente todo lo que se le ocurra hacer o decir a cualquier miembro de la Casa Real. Menos aún si lo que  hace o dice es una falta de respeto a la propia Casa y, en consecuencia, a todos los españoles. En todo caso, si yo expreso mi desaprobación aquí o en cualquier otro lado, lo haré siempre desde el más absoluto respeto. Para mí, como he dicho, la Monarquía es la institución que me representa y que le representa a usted, independientemente de lo bien o mal que me caigan sus miembros. Si les insulto a ellos, le estoy insultando a usted también; si usted les insulta, me está insultando a mí. Y si insulta al Presidente de la República de Francia, está insultando a todos los franceses. Tan fácil de entender y tan difícil de explicar… Sin embargo, aquí la primera que ha faltado el respeto a la Reina de España, paradójicamente ha sido la otra Reina de España. Si eso mismo lo hubiera hecho Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o Albert Rivera ¿opinaríamos lo mismo? De Pablo Iglesias ni hablamos, por supuesto. Pues todos ellos, nos gusten o no nos gusten, encarnan una institución tan importante como la Corona, que es la soberanía popular. Tan importante como la figura del Rey y por supuesto muchísimo más importante que la figura de la Reina o de “Iñaqui” Urdangarín.


Cuando algo está mal hecho, está mal hecho, Háyalo hecho quien lo haya hecho. Y no criticarlo no es lealtad, es servilismo. Y por supuesto, ¡Viva el Rey!

jueves, 8 de marzo de 2018

La huelga de Su Eminencia

Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha declarado respecto a la supuesta huelga feminista de hoy, día 8 de Marzo de 2018, lo siguiente: "Lo comprendo, claro (que las mujeres hagan huelga). Hay que defender sus derechos. Lo haría también, lo hace también de hecho, la Santísima Virgen María". Debo entender que lo que Su Eminencia Reverendísima afirma acerca de María Santísima, es lo que la Santa Madre Iglesia cree, defiende y recomienda a sus fieles sacrificarse hasta la muerte por defender. Pues veamos, porque para este (mal) católico el tema tiene su importancia. Después de todo, se juega uno la Eternidad, de manera que lo primero que tengo que hacer es saber qué es lo que apoya nada menos que la mismísima Madre de Dios. Y para ello, nada como ir a las fuentes, es decir, leer el manifiesto de la huelga:

-      Nos precede una larga genealogía de mujeres activistas, sufragistas  y sindicalistas. Las que trajeron la Segunda República, las que lucharon en la Guerra Civil, las que combatieron al colonialismo y las que fueron parte en las luchas anti-imperialistas.” Alguien debería recordar a Su Eminencia Reverendísima y a la Santa Madre Iglesia que representa, lo que ocurrió con curas, monjas, fieles, profesores y alumnos de colegios católicos y seminarios, durante la Segunda República y la Guerra Civil.

-      “Nuestras edades son todas y nos sabemos lesbianas, trans, bisexuales, inter, queer, hetero…” Nada que objetar por mi parte, excepto que no sé qué parte tienen las trans en este manifiesto: si son mujeres recicladas en hombre y no tienen derecho a hacer esta huelga; o si son hombres reconvertidos en mujer y sí lo tienen. Espero que Su Eminencia Reverendísima me explique su posición respecto a este embrollo, que sin duda será la misma posición que la de la Santa Madre Iglesia y por supuesto la de la Virgen María.

-      Denunciamos la represión sobre quienes encabezan la lucha por los derechos sociales y reproductivos” Esto debe ser lo que Su Eminencia Reverendísima y la Santa Madre Iglesia entienden por el dogma de la Virginidad de la Virgen María. Después de todo, quedar encinta sin haber conocido varón, no es otra cosa que luchar por sus derechos sociales y reproductivos: cada una se queda embarazada como quiere, claro.

-      Señalamos y denunciamos la violencia sexual como expresión paradigmática de la apropiación patriarcal de nuestro cuerpo, que afecta de modo aún más marcado a las mujeres migradas y a las trabajadoras domésticas.” Aunque en ningún caso acusaría al Casto José de violencia sexual, ni de apropiación patriarcal del cuerpo de nadie, líbreme Dios, entiendo que Su Eminencia Reverendísima se vea concernido por la condición de migrante y trabajadora doméstica de la Santísima Virgen María. Todo un gesto de solidaridad, de esa solidaridad que tanto gusta a nuestra Conferencia Episcopal. Tanto como para que haya quitado su puesto a la Caridad entre las Virtudes Teologales que antes eran Fe, Esperanza y Caridad. Ahora la Caridad no se nombra, pero la solidaridad no se les cae de la boca.

-      Reivindicamos que el trabajo de cuidados sea reconocido como un bien social de primer orden, y exigimos la redistribución de este tipo de tareas.” Acabáramos, Eminencia. Todo el trabajo de los misioneros asesinados, de la Hermanas de la Caridad cuidando a los seropositivos cuando ni los médicos los querían cerca, y de los cientos de años de los hospitales de San Juan de Dios, no valían nada para la Iglesia, hasta que Nuestra Madre la Virgen María decidió apoyar la huelga feminista de hoy. Y por supuesto, no eran actos heroicos inspirados por la Fe sino una obligación social. Bien.

-      En Catalunya estamos viviendo una escalada de la represión: cargas policiales el 1 de octubre con denuncias de agresiones sexuales. [] Por ello, denunciamos la aplicación del Artículo 155 de la Constitución española y exigimos su inmediata suspensión.” Pues aquí sí que va a tener que explicar bien Su Eminencia Reverendísima cómo llega a la conclusión de que la Virgen María apoya esto. Para mis cortas entendederas, la mentira y la calumnia -y denunciar agresiones sexuales que no existen, es calumnia- se compadecen mal con el Magisterio de la Iglesia. Y mucho más con la Naturaleza Divina de María Inmaculada, pero no sé si Su Eminencia Reverendísima y la Iglesia cuyo Magisterio ejerce, lo verán de otra manera. Vaya, que no veo yo la relación entre defender la unidad de España (por cierto, la tierra de María Santísima) y ser un criminal. Puedo estar equivocado pero gracias a Dios, para corregir mis veleidades ha ungido el Espíritu Santo a Su Eminencia Reverendísima y al resto de la Santa Madre Iglesia.

-      Exigimos la despenalización total del aborto, incluyendo a las menores de edad, así como su legalización y cobertura gratuita en el sistema de la sanidad pública. Repudiamos cualquier tipo de injerencia en la decisión de las mujeres sobre nuestros cuerpos. ¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!” Ahora sí que lo entiendo todo, Eminencia: si una chica joven, casi una niña, virgen y recién casada, tiene que explicarle a su marido que ha quedado embarazada, y es obvio que el Hijo no es suyo, lo más sensato es que acuda a la Sanidad pública para abortar. Para este viaje no hacían falta alforjas.

Y perdone Su Eminencia Reverendísima que no siga desgranando el manifiesto que tanta admiración hubiera causado a Nuestra Madre La Virgen, pero es que se me están revolviendo las tripas. Pero seamos positivos, Eminencia: si esta huelga la apoya S.M. La Reina de España ¿no ha de apoyarla la Diócesis de Madrid-Alcalá? Pues eso digo yo…


Por cierto, solicito humildemente de Su Eminencia Reverendísima, tramite mi baja como fiel de su Diócesis. Suyo affmo.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

miércoles, 21 de febrero de 2018

La Paleta

Estoy encantado de ser de Madrid. Mis padres, de Madrid, mis hijos de Madrid y aunque ella nació en Puerto Rico, la familia paterna de mi mujer es de Madrid de varias generaciones. Y uno de los motivos por los que estoy encantado de ser de Madrid, es porque todo esto no le importa a nadie. Si yo hiciera este mismo discurso siendo de Barcelona o de Bilbao, me estaría dando importancia, estaría presumiendo y quedando por encima de charnegos o boronos, que así es como muchos llaman a los que no tienen la suerte de ser como ellos, de haber nacido donde ellos han nacido. Y muchos de esos charnegos y boronos agachan las orejas, se avergüenzan de su origen y se hacen independentistas para hacerse perdonar su indigno origen. En Madrid, no. Aquí nadie te pregunta de dónde eres, de dónde vienes ni a dónde vas. Aquí cada cuál es de su padre y de su madre y tiene el mismo derecho que los demás a buscarse la vida. Punto. Como en tantos otros lugares de España.

Y no es que aquí no haya venido gente de fuera con los mismos complejos que a las otras grandes ciudades, que también los hay, cómo no. Aquí se llaman paletos, garrulos, palurdos… y un montón de sinónimos más. La diferencia fundamental es que en Madrid (como en tantos otros lugares de España), para utilizar ese calificativo con alguien, no se hace por su origen sino por su ignorancia y sus complejos. Tendría narices calificar de paleto a Juan Ramón Jiménez, a José María Pemán o a Severo Ochoa. Si tú no te minusvaloras, nadie te desprecia porque a nadie le interesa de dónde vienes. Tan sencillo como eso. Recuerdo que cuando era niño, en el colegio pasaba mucha envidia porque casi todos mis compañeros tenían “pueblo” y para cada uno de ellos su pueblo era lo mejor y más divertido del mundo. Yo les daba mucha pena porque no tenía pueblo. Al final, todos éramos de Madrid porque todos vivíamos en Madrid y casi todos habíamos nacido en Madrid. Lo normal, nada extraño. Sin embargo, siempre había un paleto que estaba asqueado de vivir en Madrid, odiaba Madrid y todo le parecía una mierda al lado de su pueblo… pero no se iba a vivir a su pueblo.

Cuando le gente normal que vivía en Madrid normalmente, volvía a su pueblo, se alegraba de hacerlo y si podía ayudar a otros a trasladarse a Madrid, lo hacía encantada. Y normalmente, cuando aquél paleto lleno de complejos volvía a su pueblo, con su mamá paleta, que en Madrid se pasaba el día encerrada en casa porque le daba vergüenza que se supiera que venía de un pueblo, esperando que su hijo volviera del colegio para decirle lo mal que se vivía en Madrid. Cuando volvían al pueblo digo, la reacción solía ser la inversa: La mamá paleta despreciaba a sus amigas de la niñez porque no vivían en Madrid; se vestía con su ropa más llamativa para que se viese de dónde venía; se avergonzaba de hacer la matanza que toda la vida se había hecho en su casa; hablaba remarcando mucho las sílabas; y presumía de saber muchas más cosas de las que en realidad sabía. Lo que quería que se viese es lo bien que les iba y cómo habían triunfado. Lo malo es que, no teniendo argumentos para demostrar eso, lo único que podía hacer era despreciar a los suyos. Y para eso, les daba lecciones de lo que se hacía en la capital, de lo que se decía y de cómo había que decirlo. Al final, era una pobre desarraigada, un pobre diablo que no estaba a gusto en ninguna parte y que a todas partes llevaba su amargura y sus complejos. Ni cabeza de ratón ni cola de león.

“La actriz Penélope Cruz ha mostrado su desacuerdo con el machismo que, a su juicio, transmiten los cuentos infantiles y ha contado en una entrevista a la revista Porter Edit que cuando lee estos relatos a sus hijos, cambia los finales. En una extensa entrevista, la ganadora de un Oscar enfatiza en la importancia que tienen los cuentos de hadas para los niños ya que "son las primeras historias que los hijos escuchan de boca de sus padres"."Cuando leo cuentos de hadas a mis hijos por la noche, siempre estoy cambiando los finales, siempre, siempre, siempre, siempre. Que le jodan a Cenicienta, a la Bella Durmiente y a todas las demás. Hay mucho machismo en esas historias y eso puede tener un efecto en la forma en que los niños ven el mundo. Si no tienes cuidado, empiezan a pensar: 'Ah, entonces los hombres deciden todo'", explica. La actriz es madre de Leo, de 7 años, y de Luna, de 5.

Por ello, según asegura, sus heroínas rechazan propuestas de matrimonio o hacen las propuestas ellas mismas. "En mi versión de Cenicienta, cuando el príncipe dice: '¿Quieres casarte?', ella responde: 'No, gracias', porque no quiero ser una princesa. Quiero ser astronauta o chef ", ejemplifica.” 

EL PAÍS, 21 de Febrero de 2018.


Está claro: todas las princesas están casadas; y todas las astronautas y las cocineras, solteras. Y todas las paletas ignorantes, amargadas. 

Gonzalo rodríguez-Jurado Saro

sábado, 10 de febrero de 2018

Qué brecha

Dicen los conspiranoicos que existe una especie de élite mundial. Un gobierno de poderosos en la sombra que decide lo que va a suceder en el mundo a corto y medio plazo, y que manipula gobiernos, grandes compañías multinacionales, medios de comunicación y mercados financieros. Que manejan incluso la opinión mundial. Unos lo llaman Club de Bildelberg, otros iluminatti, otros Trilateral, Foro de Davos, Club de Roma y hasta hay quien lo llama masonería. Tonterías. Yo creo que el hecho de que a todos los medios de comunicación, a todos los gobiernos, a todos los “artistas” del cine, a todas las modelos, a todos los partidos políticos y a todo el que tenga algo que ver con el Poder, les dé por una misma cantinela simultánea en todo el mundo, es pura coincidencia. Cosas de la globalización. Me Too, por ejemplo.

Pues ahora a todo el mundo le ha dado, no por exaltar de manera irracional a la mujer, sino por rebajar, degradar y despreciar al hombre, llegando incluso a representarlo como un cerdo. Y no es broma, que ayer mismo, en la Semana de la Moda de Nueva York, hubo un desfile de moda en el que las modelos, mujeres maltratadas, iban acompañadas de un hombre con careta de cerdo. No por ser su maltratador, sino por ser hombre, supongo. O el ya mencionado en otro artículo, anuncio de la Junta de Andalucía, donde igualmente el hombre aparece como un cerdo. Cosas de la globalización, insisto. Me Too.

Pues ahora, si sabes lo que te vale, si quieres ser alguien y participar en tertulias, conferencias y debates, aunque sea de oyente, tienes que saber lo que es La Brecha. Así, sin más. Y no se te ocurra preguntar qué es la brecha porque serás señalado, reprendido y te afearán la conducta. Por si no lo sabe usted o por si usted no es un ciudadano debidamente global, le explico que La Brecha es la ignominiosa, humillante e inadmisible diferencia salarial entre los hombres y las mujeres. Así, sin más. En España y en el resto del mundo, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que a la mujer se le paga menos sueldo que al hombre por un mismo trabajo. Y a pesar de eso, los empleadores, que son tontos, siguen contratando hombres. Inexplicable pero cierto. Tan inexplicable como que yo, que como digo siempre, soy togagüevos, me he ido a consultar las cifras. Y como en un debate sobre un artículo anterior ya salió este tema, me perdonará usted que me auto cite:

“Jamás me han ofrecido un 20% más de sueldo que a ninguna mujer. Es más, si eso fuese cierto, los hombres no encontraríamos ningún trabajo. El 15,7% del empleo en España es empleo público ¿conoce usted un solo caso de empleada pública que cobre un 20% menos que un compañero del mismo nivel? Yo tampoco. El 17,89% de los empleados en España son autónomos ¿Conoce usted a alguien que pague menos a un autónomo si es mujer que si es hombre? Yo tampoco, el autónomo cobra a trabajo hecho y según el presupuesto que haya pasado. Del resto del empleo, un 39,6% son micoroempresas, de 1 a 9 trabajadores, donde no creo que el criterio de selección sea el sexo, como mucho el parentesco; un 5% medianas, de 10 a 49 trabajadores, donde me parece complicado que se pueda mantener una diferencia salarial de un 20% entre gente que hace un mismo trabajo a diario, codo con codo; un 0,8% de medianas y un 0,2% de grandes. Por muchas cuentas que echo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres tendría que ser tan bestial en las medianas y grandes empresas, que no sería creíble que una sola mujer trabajara allí. A ver si va a ser que los empleos mejor pagados son los menos demandados por las mujeres: por ejemplo, en ingenierías la proporción hombres-mujeres es 80/20%; en seguridad, ejército, policía, etc. por ahí anda; en la pesca, ni hablamos; la mina, no se cuenta... Si preguntamos entre los profesionales mejor pagados, también hay diferencias notables: controlador aéreo: 1/3 de mujeres; piloto, 3% de mujeres; directores de grandes empresas 79/21%; notario en cambio, ya deben andar al 50-50; y en la última promoción de registradores de la propiedad, el 80% eran mujeres; cirujanos, 70-30 a favor de los hombres... ahí tiene usted su 20%

Recientemente decía Ana Botín, por cierto, mujer y Presidenta del banco más grande de España y uno de los más grandes del mundo, que cuando busca una mujer entre los candidatos para destinar a alguien a un país lejano, no suele encontrarla. La muy machista.

¿Pues sabe usted lo que le digo? Que a pesar de todos esos datos manipulados y hetero patriarcales, le brecha existe. Y se lo voy a demostrar: ante un mismo empleo, cobran mucho menos sueldo una policía en Madrid que un mozo de escuadra en Casteldefells; una médico en la sanidad pública de Extremadura, que un médico en la sanidad pública vasca; una profesora de Castilla y León, que un profesor en Baleares…


Efectivamente, al menos en España, la verdadera brecha salarial no es la que diferencia el sueldo de los hombres y las mujeres, sino la que ante idéntico trabajo paga sueldos con diferencias de hasta un 20% entre comunidades autónomas. Eso por no hablar de las irritantes diferencias de sueldo ante un mismo trabajo, si desarrollas ese trabajo desde antes de la crisis o si te lo han ofrecido después. Ahí las diferencias llegan hasta el 50 y el 60%. Pero esa no es La Brecha que nos interesa, qué le vamos a hacer.

domingo, 28 de enero de 2018

Neither me

Pues ante el muchas veces cínico y manipulador “Me Too” (yo también) de las actrices de Hollywood, propongo el “Neither Me” (yo tampoco). Por supuesto que condeno, como por otra parte he hecho toda mi vida, cualquier tipo de acoso sexual. Quien haya tenido la paciencia de leerme estos últimos años, no podrá tener ninguna duda. Pero no por eso dejo además de condenar que sobre tan delicado asunto, se monte una campaña a la que se suman complacientes, individuas e individuos a los que jamás nadie ha acosado o que simplemente se han servido de sus encantos para llegar donde están. Pero siendo esto inmoral, lo que peor me parece es aprovechar modas y consignas orquestadas, para humillar o injuriar a otras personas. Personas que en muchos casos te han ayudado en tu carrera. Porque decir que a mí me han acosado, querida señora, supone decir que hay un indeseable suelto por el mundo que puede hacer lo mismo con otras mujeres, y al que por tanto hay que señalar con su nombre y apellidos. No basta, señora mía, con dejar entrever que todos los hombres son unos acosadores. Ni aun cuando eso suponga un notable beneficio para su carrera, porque el productor de turno está viendo cómo sigue usted sus consignas… y de paso hunde al productor que le hacía la competencia a él. Usted no se puede servir de la desgracia y la humillación de las mujeres que sí han sufrido acoso, para canalizar su carrera. Eso está muy feo.

Pero si esto es grave, más grave todavía es la miseria moral de los que aquí en España, asumen las campañas procedentes del otro lado del Atlántico y, con una absoluta falta de base cultural, las intentan imponer a machamartillo. Mire usted, señor lacayo de la muy racista y machista industria del cine en Hollywood: mientras en su admirado inframundo del cine americano, así como en el conjunto de la cultura WASP de Norteamérica (white anglo-saxon protestant – blanco anglosajón y protestante), se ve como algo asqueroso el contacto físico, y si te presentan a alguien apenas te da la mano si puede evitarlo, aquí nos tocamos, nos abrazamos y nos besamos con bastante naturalidad y sin que ninguna mente enferma piense nada raro; mientras en EEUU, las fiestas locales consisten en el desfile, separados a más de dos metros de bomberos, policías, majorettes, equipos de beisbol y asociaciones de la comunidad, aquí nos apiñamos en una plaza en la que no cabe un alfiler, saltando, gritando y regándonos con buen vino. Pruebe usted a hacer eso en los EEUU. Mientras aquí nos miramos a los ojos cuando hablamos, de manera interrogante, altanera o incluso desafiante, allí el contacto visual puede ser hasta ofensivo. Sin embargo, ahora hay que celebrar los sanfermines con oficinas de denuncia de acoso. Acoso que por supuesto tiene que ser interpretado por la acosada. Es decir, quiero meterme a ver el chupinazo de Pamplona, delante la casa consistorial, donde no cabe un pelo, pero si me toca alguien, ya interpretaré yo con qué intención lo ha hecho. Pues mire usted, la otra opción es que vea usted el chupinazo sentada tranquilamente en el sofá de su casa.


Por supuesto, no estoy defendiendo actos puntuales y asquerosos, como el conocido caso de la más que probable violación en grupo de una chica en San Fermín. Tampoco niego que haya patosos que aprovechan cualquier aglomeración para dar cauce a sus reprimidos deseos, líbreme San Fermín. Pero desde luego no condeno a nadie de antemano, esa es tarea del juez y no me da ninguna envidia, que para meter a alguien en la cárcel hay que estar muy seguro de que lo merece. Y no, como se puede deducir después de leer este artículo, no pienso apoyar la campaña de  satanización de los hombres, diseñada y ejecutada, no para proteger a las mujeres, sino para hundir la carrera de quien se ponga por delante de quien no debe ponerse. Yo no me presto a manipulaciones. Yo tampoco, neither me.

sábado, 20 de enero de 2018

UN BUEN PIROPO

Pues éramos pocos y parió la abuela. Ahora resulta que no vale solo con inventarse cargos e instituciones, eso sí, debidamente remunerados, para expandir el Pensamiento Único Obligatorio. Resulta que es que además opinan y te dan directrices de lo que debes y no debes pensar o decir. Y por supuesto, una de las banderas del Pensamiento Único Obligatorio es la superioridad moral -y no solo moral, que también legal- de las mujeres. Pues parece ser que dos instituciones tan necesarias y tan útiles para la sociedad que las paga, como son el Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud, han sacado una campaña, no para prohibir o erradicar los piropos, no. Directamente para equiparar a los hombres -sí, a todos los hombres y ahora explicaré por qué- con cerdos, buitres, gallos, pulpos y otros animales igual de adorables. Y digo a todos los hombres, porque el hecho de que solo se caracterice a hombres como ese tipo de animales, implica que tales comportamientos son exclusivos de los hombres. No de todos, ahora sí, pero solamente son hombres los que pueden adoptar tales comportamientos. ¿Y las chicas que dicen piropos a los chicos? ¿Ellas no son cerdas, ni cornejas? ¿Quizá son zorras para vuestra estricta moral talibán? Pero es que hay más ¿Si un hombre dice un piropo a otro hombre es un gallo, un pulpo o una mariposa? ¿Cómo debemos calificar ese libertino ataque, señores ayatolahs, guardianes de las esencias?

Vamos a ver: un piropo, lo que se llama un piropo, es decir una exclamación laudatoria que se realiza al paso de una persona (o persono) desconocida (o desconocido), puede ser: sutil, halagador, sorprendente, impactante, imprevisto, improvisado, inoportuno, desagradable, insultante, impresentable u ofensivo. Ponga cada cual todos los adjetivos que quiera poner entre cada uno de estos, hasta llegar a una escala de cientos de adjetivos. Y luego elija cada quién el punto en el que un piropo deja de ser un halago, agradable o solamente tolerable, para pasar a ser algo intolerable. En lo que sí que espero que estemos de acuerdo es en que ninguno de estos comportamientos es criminal. Sencillamente responde cada uno de ellos al nivel de educación y buen gusto de quien los pronuncia. Lo malo es que la educación y el buen gusto no son iguales para todos, qué le vamos a hacer. Pero claro, pretendemos erradicar sin contemplaciones de nuestros planes de educación la cortesía y la urbanidad, por considerarlos obsoletos, rancios y franquistas, y luego pretendemos imponerlos por ley. Por ejemplo: ¿Qué puede tener de reprobable que yo le diga a mi mujer que le siente estupendamente su peinado? Nada, supongo. Pero ¿y si se lo digo a una buena amiga? ¿y a una conocida? ¿Y a una compañera de trabajo? La pregunta no es dónde está el límite sino quién pone el límite. En otros tiempos menos mojigatos y menos intolerantes, diríamos que los límites los ponen la buena educación y el saber estar, lógicamente. Pero es que ahora resulta que los mismos que se han cargado la buena educación y el buen gusto, tanto en los planes de educación, como en los espectáculos o en los medios de comunicación, son los que vienen a imponer lo que se puede decir, cómo se puede decir y lo que se debe pensar. Vayan, por lo que a mí respecta, a escardar cebollinos en mal hora, que no he de echarles de menos.


Pero sobre todo, hay algo que me preocupa mucho: esta chusma se cree con derecho a decirnos lo que podemos hacer, lo que podemos expresar y cómo debemos expresarlo. Pero siendo grave esto, lo más grave de todo es que nos callamos y miramos al suelo con mirada ovejuna y rebañega. Y si nos preguntan, damos la razón a quienes vienen a reñirnos, a afearnos la conducta y que reneguemos de nuestra educación y de la de nuestros padres. Pues por mi parte, me declaro en rebeldía, levanto la bandera de la insurrección, y abro el banderín de enganche de los que quieran alistarse a la lucha contra la imposición. Es más, si en el transcurso de mi batalla contra los molinos de viento, tengo que afrontar en lucha singular a la cabeza del ejército de los gigantes, a la muy temible y abominable Susana Díaz, ponderaré su belleza y después le exigiré que rinda todo su ejército… Y es que, créanme, no hay nada como un buen piropo.